Abrumado por las circunstancias históricas de los años cuarenta, rechaza
la ideología nazi y fascista, pero añade un matiz cuyo origen está en su
formación como economista destacado en su país y reconocido por los adversarios
de Keynes en el Reino Unido, especialmente Lionel Robbins de la London School
of Economic. En efecto, el matiz es que considera a estos oprobiosos regímenes
de la misma naturaleza que el comunismo en Rusia o el socialismo en los países
occidentales . Desde su punto vista, no hay diferencia entre estos regímenes
porque tiene en común la pérdida de libertad del individuo. Una pérdida que
tiene su fundamento en la falta de libertad económica: la desaparición de la
propiedad privada y del libre mercado, porque el Estado planifica de forma
centralizada toda la actividad. Ese enorme poder estatal tiene como
consecuencia el estado policial, para corregir cualquier desviación ideológica,
ya sea respecto al derecho del Führer, el Duce o el Generalísimo a ejercer su
poder omnímodo o la verdad proclamada de la dictadura del proletariado. Hayek
piensa que la tiranía es imposible si hay libertad económica, por lo que
sospecha, también, de cualquier propuesta de gestión económica desde el Estado,
aunque éste sea democrático. Hayek piensa que el peligro de tiranía está
latente en nuestras democracias si aceptan que el Estado regule la economía. Él
ve en la planificación que hace crecer al Estado el primer paso hacia el
socialismo por una puerta trasera. Treinta años después reconoció en el
prefacio a la edición de 1976, que en los países nórdicos no se había cumplido
esta amenaza y aclara su opinión sobre el socialismo moderno:
“Cuando lo
escribí, socialismo significaba sin ninguna duda la nacionalización de los
medios de producción y la planificación económica centralizada que aquella
hacía posible y necesaria. En este sentido Suecia, por ejemplo, está hoy mucho
menos organizada en forma socialista que la Gran Bretaña o Austria, aunque
se suele considerar a Suecia mucho más socialista. Esto se debe a que
socialismo ha llegado a significar fundamentalmente una profunda redistribución
de las rentas a través de los impuestos y de las instituciones del Estado
benéfico.“
“Se
ha alegado frecuentemente que afirmo que todo movimiento en la dirección del
socialismo ha de conducir por fuerza al totalitarismo. Aunque este peligro
existe, no es esto lo que el libro dice. Lo que hace es llamar la atención
hacia los principios de nuestra política, pues si no los corregimos se seguirán
de ellos consecuencias muy desagradables que la mayoría de los que abogan por
esa política no desean.”
Pero en 1944, Hayek argumenta que los
líderes de los horrorosos regímenes que se desarrollaron en el siglo XX pasaron
por el socialismo antes de tomar la vía de imposición de sus creencias a toda
una nación, utilizando la fuerza para ello. Hayek está convencido de que en las
sociedades libres en guerra contra el nazismo, aquellos que odian sinceramente
a éste régimen, sostienen, sin embargo, ideas, cuya aplicación llevan
necesariamente a la tiranía, aunque se esfuerce uno con la mejor intención.
“…in
our endeavour consciously to shape our future in accordance with high ideals,
we should in fact unwittingly produce the very opposite of what we have been
striving for”
“…
en nuestros esfuerzos conscientes para modelar nuestro futuro de acuerdo a un
gran ideal, podríamos, de hecho, inconscientemente producir, justamente, lo
opuesto de aquello para lo que hemos estado esforzándonos”
En estas ideas se fundamenta la
paranoia que se extendió por la administración norteamericana en la persecución
de reales o supuestos comunistas de salón en la posguerra. Para Hayek su
generación ha olvidado que el sistema de propiedad privada es la garantía más
importante de libertad.
Libertad
Atribuye a la libertad de los
individuos el gran éxito de la ciencia. «Aunque no pocas
veces los avances científicos van ligados a necesidades militares».
En todo caso, considera que, si todo puede ser experimentado, se explican los
asombrosos avances de la ciencia en los últimos 150 años. Considera, también,
que el peor pagado de los trabajadores sin especialidad tiene más libertad para
organizar su vida que los mejores pagados ingenieros alemanes o soviéticos. No
fueron los fascistas, sino los socialistas los que empezaron a reclutar niños
desde su infancia en organizaciones políticas para influir en su pensamiento
(al modo platónico). En cuanto Hitler llegó al poder el liberalismo murió en Alemania,
pero fueron los socialistas los que lo habían eliminado. Hayek pensaba que los
socialistas alemanes no se daban cuenta de que la utopía de un socialismo
democrático era inalcanzable, pues provoca la destrucción de la libertad misma.
«Desde luego, el socialismo en que él está pensando,
no es compatible con la libertad. De hecho, creo que Hayek piensa más que en un
socialismo, en un comunismo propietario de todos los medios de producción. Sin
embargo, cuando Margaret Thatcher llegó al gobierno con su programa de
privatización radical en 1979, gran parte de los servicios públicos eran
propiedad del Estado, sin que mermase la libertad individual de los británicos.
Pero, Hayek considera que el infierno esta empedrado con buenas intenciones.»
“What
has always made the state a hell on earth has been precisely that man has tried
to make it his heaven.” (Friedrich Hölderlin)
“Lo que ha hecho
siempre del estado un infierno sobre la tierra es precisamente que el hombre ha
intentado hacer de él su paraíso.”
Competencia
Hayek considera que no hay que pensar
que la oposición contra cualquier forma de planificación implique una actitud
dogmática de laissez-faire. Pues
la posición liberal no propone dejar las cosas como están, sino de optimizar el
uso de la fuerza que genera la competencia para coordinar los esfuerzos
humanos. Para que la competencia muestre toda su potencia es necesario
modificar las leyes, pues las actuales tienen graves defectos al respecto. «Al tiempo cree que el éxito de la competencia es
compatible con forma de intervención gubernamental, tales como limitar el
número de horas de trabajo diarias o establecer ciertos servicios sociales. Esta opinión de Hayek es la que más contrasta con
la acción real de los políticos llamados liberales que presionan continuamente
por privatizar estos servicios, poniendo en riesgo su disfrute por parte de los
más desfavorecidos por el sistema»
Hayek no creía en el Laissez-Faire:
“Probablemente,
nada ha hecho tanto daño a la causa liberal como la rígida insistencia de
algunos liberales en ciertas toscas reglas rutinarias, sobre todo en el
principio del laissez-faire.”
La planificación
La planificación debe su popularidad al
hecho de que todos deseamos poder controlar y prever los asuntos que nos
conciernen. «Creo que, dada la dificultad de
conseguir esto, es por lo que algunos empresarios sobornan a la administración,
algunos hacen trampas en las apuestas o, en ámbitos políticos criminales se
eliminan a los rivales. De este modo el futuro se aclara».
Hayek considera que la planificación puede convivir con la competencia,
sólo si se planifica para la competencia y no contra ella. Los que piensa que
en la democracia puede existir una dirección centralizada de la economía, creen
que el socialismo y la libertad individual pueden convivir, siendo como es, el
socialismo, la mayor amenaza para la libertad. Hayek piensa que nadie lo vio
más claro que Tocqueville, que pensó la sociedad de su tiempo con tanta lucidez
que puede prever la sociedad del nuestro en algunos aspectos. Tocqueville
estaba en conflicto con el socialismo:
“La
democracia expande la esfera de la libertad individual… la democracia reúne
todos los valores posibles de cada hombre… mientras que el socialismo convierte
a cada uno en un agente, un mero número. Democracia y socialismo no tiene nada
en común excepto una palabra: igualdad. Pero hago notar la diferencia: mientras
que la democracia busca la igualdad en libertad, el socialismo busca la
igualdad en la restricción y la servidumbre”
Hayek cree en el triángulo democracia –
mercado – libertad y rechaza el formado por democracia –
planificación – servidumbre. Por eso cuando se
le pone el contraejemplo de los países nórdicos, recuerda la tasa de suicidios
de estos países, atribuyéndola al paternalismo del Estado. Hayek rechaza el
argumento de la complejidad de las sociedades modernas para aceptar la
planificación de los gobiernos. Cree que se funda en un malentendido sobre cómo
funciona la competencia, que es el único medio de conseguir la coordinación de
los asuntos. Los emprendedores, observando los cambios relativos de unos pocos
precios, pueden ajustar sus actividades a las de sus competidores.
Hayek no quiere un Estado
sobredimensionado, pero sabe que lo necesita para cubrir espacios que ni el
mercado ni la competencia puede abarcar:
“En ningún
sistema que pueda ser defendido racionalmente el Estado carecerá de todo que
hacer. Un eficaz sistema de competencia necesita, tanto como cualquier otro,
una estructura legal inteligentemente trazada y ajusta da continuamente. Sólo
el requisito más esencial para su buen funcionamiento, la prevención del
fraude y el abuso (incluida en éste la explotación de
la ignorancia), proporciona un gran objetivo nunca, sin embargo, plenamente
realizado para la actividad legisladora.”
Libertad de elección
El dinero es un de los más grandes
instrumentos para la libertad jamás inventados por el hombre. Es el dinero el
que abre las posibilidades al hombre pobre, como nunca lo hizo otra sociedad.
La libertad de elección en una sociedad competitiva descansa en el hecho de
que, si una persona renuncia a satisfacer nuestros deseos, podemos pedírselo a
otro. Pero si nos enfrentamos a un monopolio, estamos a su merced. Y una
autoridad dirigiendo la totalidad de los asuntos económicos puede ser el más
poderoso monopolio imaginable. Cree que no se suele encontrar personas con una
mente independiente y con suficiente fuerza de carácter entre aquellos que no
tiene confianza de que pueden tener una vida basada en su propio esfuerzo.
«Aquí Hayek
parece creer, un tanto inocentemente, más en esos pequeños dictadores que
encontramos a menudo en las cúspides empresariales, políticas y sociales,
llenos, en efecto, de fuerza de carácter, pero dispuestos a todo por construir
su propio camino a costa de los demás, sin más conocimientos que los del uso
del poder económico para la manipulación. Olvida a profesores, artistas y
científicos que tanto hacen por la humanidad con muy escasa recompensa
dineraria»
Dos clases de seguridad
Para Hayek hay dos tipos de seguridad:
la de un mínimo que garantice la subsistencia y la de nivel de vida determinado
que un grupo disfruta en relación con el otro.
Dice Hayek que el primer tipo de
seguridad es legítimo y que no hay razón para que en una sociedad que ha
alcanzado un nivel general de riqueza que tiene la nuestra, no pueda ser
garantizada la seguridad basada en dotar de medios para la subsistencia
(alimento, cobijo, vestido para preservar la salud) a aquellos que ha quedado
al margen. Tampoco hay razón alguna para que el Estado no deba ayudar a organizar
un sistema de seguridad social para cubrir los riesgos habituales que sólo unos
pocos puede adecuadamente cubrir.
«En este párrafo
Hayek muestra su condición de buen hombre, pues establece las bases de un
liberalismo compasivo, muy al contrario de sus seguidores más entusiastas.
Además señala al Estado como el sujeto de este deber y no a empresas privadas,
que, como muestra el ejemplo norteamericano, sólo tienen interés por los
clientes saludables física y económicamente»
Hayek consolida su posición diciendo
que la total desesperanza de los que son dejados atrás sólo puede comprenderse
por los que la han experimentado. Sin embargo, considera que el segundo tipo de
seguridad, el de garantizarle a alguien un determinado nivel de vida asegurando
que sus ingresos no van a bajar, es muy peligroso para la libertad. «Creo que está pensando en trabajadores protegidos
por sindicatos que no aceptan que se toque su status ni aún cuando es necesario
para el bien general evitando el desempleo». En su
opinión, no ha habido jamás una explotación más cruel que la que ejercen los
mejor establecidos sobre los menos afortunados. Esta situación es resultado de
“regular” la competencia.
«Hayek plantea
aquí problemas que han estado presentes en el desarrollo de la crisis de 2008.
No pocos economistas han denunciado los dos tipos de trabajadores (con contrato
fijo y temporales) o el contrate entre los abuelos con pensiones garantizadas y
los nietos sin trabajo. Unos enfrentamiento cuya relación con la libertad y la
justicia son más que discutibles, no ya en el plano individual (poca gente
aceptará que le bajen sus ingresos), sino en el de la reflexión global sobre
los intereses generales. Pero es una discusión de plena actualidad cuando un
partido político, precisamente los liberales, proponen un contrato único para
todo trabajador. Pero extraño que no advierta la contradicción de reprochar a
unos trabajadores su resistencia a que su sueldo sea bajado o corroído por la
inflación, mientras se alaba al emprendedor que busca el máximo beneficio
posible y lucha, una vez acumulado el capital, por contar con intereses altos
para su capital e inflación baja para los precios cuando su dinero está a la
vista o lucha por mantener paraísos fiscales cuando prefiere ocultarlo al fisco»
Dice Hayek que no culpa a un joven que
prefiera un trabajo seguro (él mismo, que nunca se dedicó a los negocios, se
movió siempre en el ámbito de la universidad) porque, tanto en la prensa como
en la escuela, se difunde una imagen del empresario como de poca reputación y
de los beneficios como inmorales. Ironiza diciendo que se piensa que dar empleo
a cien personas es explotación y mandarlas en el ejército o en la política es
honorable. Enfatiza que si no queremos destruir la libertad individual la
competencia debe ser dejada funciona sin obstáculos.
Democracia
No es que haya que sacralizar nada,
porque nada cumple sus fines si no es como resultado de una atenta mirada de
los seres humanos, pero las opiniones de Hayek sobre la democracia son
fronterizas.
“La democracia es
esencialmente un medio, un expediente utilitario para salvaguardar la paz
interna y la libertad individual. Como tal, no es en modo alguno infalible o
cierta. Tampoco debemos olvidar que a menudo ha existido una libertad cultural
y espiritual mucho mayor bajo un régimen autocrático que bajo algunas
democracias; y se entiende sin dificultad que bajo el gobierno de una mayoría
muy homogénea y doctrinaria el sistema democrático puede ser tan opresivo
como la peor dictadura.”
La razón en que para Hayek es más importante
el régimen de competencia que el régimen político mismo. Cuestión ésta que
merecería una larga discusión. En todo caso, él tiene plena confianza en que la
competencia puede con todo para preservar la libertad.
También roza el maquiavelismo con este
comentario:
“De la misma
manera que el gobernante democrático que se dispone a planificar la vida
económica tendrá pronto que enfrentarse con la alternativa de asumir poderes
dictatoriales o abandonar sus planes, así el dictador totalitario pronto
tendrá que elegir entre prescindir de la moral ordinaria o fracasar.”
Y roza el delirio con esto otro:
“Y si yo tuviera
que vivir bajo un sistema fascista, sin ninguna duda preferiría vivir bajo uno
instaurado por ingleses que bajo el establecido por otros hombres
cualesquiera.”
Final
Finalizando su afamado libro propone
recuperar la convicción en la que se basa la libertad en los países
anglosajones. Lo expresa con un frase de Benjamin Franklin:
“Aquellos
que renuncian a la libertad esencial para procurarse una pequeña y temporal
seguridad, no merecen ni la libertad ni la seguridad”
Hayek cree que para construir un mundo
mejor debemos tener el coraje de empezar de nuevo. Debe despejarse el camino de
los obstáculos que la locura humana ha puesto en él, así como liberar la
energía creativa de los individuos. Debemos crear condiciones favorables para
el progreso, no planificar el progreso.
Hayek sospecha de aquellos que reclaman
más planificación y de quienes piden un “nuevo orden”, que no hacen otra cosa
que seguir la tendencia desde hace unos cuarenta años (esto se escribe en 1944)
de considerar a Hitler un modelo a seguir. Insiste en que son los que reclaman
una economía planificada los que están completamente bajo la influencia de las
ideas que han provocado esta guerra y la mayoría de los males que estamos
sufriendo.
Hayek profesa la humildad del hombre
ante las fuerzas que lo han generado en la naturaleza y a las que él mismo ha
impulsado por incomprensibles que les parezcan. Entiendo que se refiere a las
leyes de la evolución biológica que porque las comprendamos no las modificamos
en su campo natural y a las del mercado que han surgido por ensayo y error,
pero nos han conducido a una capacidad científica, tecnológica y productiva
extraordinaria. Leyes unas y otras sobre las que se debe navegar aunque no se
comprendan. Es más, considera que si se alteran racionalizándolas se perturba
el progreso. «No sé qué pensaría de que los
libertarios moderno, no sólo han creado monopolios cuyas dimensiones eran
inimaginables en los años cuarenta, sino que están dispuestos a desafiar la
mortalidad de la especie». Pero, leamos sus palabras:
“La negativa a
someternos a fuerzas que ni entendemos ni podemos reconocer como decisiones
conscientes de un ser inteligente es el producto de un incompleto y, por tanto,
erróneo racionalismo. Es incompleto porque no acierta a comprender que la
coordinación de los variados esfuerzos individuales en una sociedad compleja
tiene que tener en cuenta hechos que ningún individuo puede dominar
totalmente. Y no acierta a ver que, si no ha de ser destruida esta compleja
sociedad, la única alternativa al sometimiento a las fuerzas impersonales y
aparentemente irracionales del mercado es la sumisión a un poder igualmente
irrefrenable y, por consiguiente, arbitrario, de otros hombres.”
Finalmente una interesante intrusión en el
ámbito internacional:
“Lejos de ser
cierto, como ahora se cree con frecuencia, que necesitamos una organización
económica internacional, pero que los Estados pueden, al mismo tiempo,
conservar su ilimitada soberanía política, la verdad es casi exactamente lo
opuesto.”
«En el contexto
en que fue escrito este libro es de destacar el canto a la libertad que Hayek
hace y la pasión en rechazar todo totalitarismo, ya sea en nombre de la raza o
en nombre del proletariado. Otra cosa es la discusión sobre su propuesta de
sometimiento a las fuerzas subterráneas del mercado renunciado a racionalizar
nuestra acción para conciliar libertad y seguridad. Hayek vivió un mundo muy
complejo y terrible. Su lucha por la libertad con fundamento en el mercado y la
competencia es legítima, pero su éxito es dudoso si quienes defienden sus ideas
son aquellos que las usan para mejorar los mecanismos de explotación del ser
humano. Quizá el liberalismo de Hayek debiera caer en mejores manos que las de,
por ejemplo, Peter Thiel, que reclama el dinero gastado en seguridad social
para investigar la inmortalidad de los poderosos. Seguiremos la discusión»


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